Es Sábado santo, previo a la resurrección de Jesús. Para nosotros es fácil celebrarlo porque sabemos que va a pasar, pero para los discípulos de Jesús no fue así. Había muerto Jesús, con quién habían caminado, comido, dormido, compartido todas sus enseñanzas y milagros.
"Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel..." S. Lucas 24:21
Este es un extracto del pasaje del camino de Emaus; aunque el relato corresponde al día de la resurrección, describe claramente que estaban viviendo y pensando cuando Cristo murió.
Jesús había maravillado con sus obras y milagros. Resucitar muertos, darle vista a ciegos, que caminen paralíticos, pero muchos querían más.
¿Qué más queremos de Jesús?
Jesús dame esto, Jesús dame aquello, Jesús sáname, Jesús, Jesús, Jesús. ¿Y si Jesús no lo hace, qué pasa con mi fé?
Hacer milagros es una de las formas de actuar de Jesús, pero no la única. Jesús pudo haber hecho muchos milagros mientras fue arrestado, flagelado y crucificado, pero no lo hizo, porque el verdadero milagro fue entregar su vida a Dios el padre; y lo hizo para que hiciéramos lo mismo.
Hoy es un día de reflexión. ¿Jesús es el que hace los milagros que yo le pido o es el que me dejó enseñanzas de como vivir una verdadera vida, agradable y perfecta?
Celebremos nuestro día de reposo pidiéndole al señor que sensibilice nuestro corazón a todas las enseñanzas que Jesús nos dejó; que ese sea el más grande e importante milagro en nuestras vidas.
¡Dios te bendiga!
