Desde pequeños tenemos metas, aún sin saberlo, las vivimos y las cumplimos: dejar de tomar leche materna, gatear, caminar, usar el baño, comer solo, vestirte solo, entrar a primaria, etc; y así hasta grandes metas de estudios, trabajo, casarte, tener hijos, entre muchas otras.
Algunos las han cumplido, otros están en proceso, otros las están definiendo. Todas son importantes y alcanzarlas van a determinar muchas cosas en tu vida, pero lo que pueden determinar es tu paz, tu gozo, tu felicidad.
"Hasta que no logré esto o aquello no podré ser feliz", "Cuando logré terminar esto voy a ser realmente feliz". Son frases que escuchamos habitualmente. Es aquí que te pregunto: ¿Tienes que esperar a alcanzar esas metas para ser feliz? ¿Qué te limita a tener gozo y paz en este momento?
Lograr las metas nos dan gran placer, felicidad, pero este sentimiento pasa rápidamente. ¿Qué hacer para que perdure?
"Me deleito mucho en el Señor; me regocijo en mi Dios. Porque él me vistió con ropas de salvación y me cubrió con el manto de la justicia. Soy semejante a un novio que luce su diadema, o una novia adornada con sus joyas" Isaías 61:10
"Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas" S. Mateo 6:33
La verdadera meta es Cristo. No quiere decir que estudiar, tener hijos, trabajo no sean importantes, claro que sí; pero esas metas no te van a dar la felicidad, gozo, paz que te da la vida en Cristo.
"Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús" Filipenses 4:7
Ahora ya sabes cuál es la verdadera meta, poner los ojos en Dios, en el que todo lo puede, todo lo logra y todo lo hará por ti. No te dejes engañar por metas que terminan en un papel o colgado en un cuadro; sigue al que te dará y dará en abundancia, por qué El es Dios, el todo poderoso. ¡La meta es El!
¡Dios te bendiga!
