"Eso no tiene perdón de Dios" es una frase que dije y escuché muchas veces, y yo me lo creí.
Hubo un momento en mi vida que había acumulado tantos errores, con tantas personas, causando tanto daño, dolor y tristeza que me daba vergüenza admitirlo. Reconocerlo era imposible. Buscaba culpables por todas partes tratando de justificar mis actos.
Vergüenza, pena, culpa, impotencia, irá, frustración y otros sentimientos negativos afloraron y no sabía que hacer. ¿Cómo esperar o siquiera pensar que alguna de las personas a las que había herido me iban a perdonar? Vivía en la cárcel de mis culpas.
"Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia" Jeremías 31:3
Misericordia: Se refiere a la capacidad de sentir la desdicha de los demás. Se manifiesta en amabilidad, asistencia al necesitado, especialmente en el perdón y la reconciliación.
Misericordia es una palabra tan poderosa que pude ver que Dios entendía mi desdicha, me amaba, me perdonaba y además me quería ayudar. Conocer esto del amor de Dios cambió mi vida.
"Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros" Romanos 5:8
Jesús murió por nosotros, murió por mi. Pero no por mi culpa sino porque El deseaba, en su eterno amor, liberarme de todos mi errores, de todos mis pecados; no hay culpa, hay perdón en el amor de Dios. Lo único que pide a cambio es creer en El. ".....para que todo que en El crea no se pierda, más tenga vida eterna"
Creer en El, creerle a El. Creer que todo lo que dice su palabra es lo que necesitan nuestras vidas; en su palabra hay amor, perdón, redención y libertad de toda culpa.
Te invito a que vivas esa verdad todos los días, sin importar que o cuantos errores hayas cometido; Cristo murió por tí y por mi, por nuestra libertad y salvación.
¡Dios te bendiga!

Leer está reflexión, es verse en un espejo.
Gloria a Dios por su misericordia.
Ahora puedo decir, el ego lo perdona y se perdona. Lo que no se perdona es no cambiar. Allí es donde Dios hace su trabajo.
Gracias por esta reflexión que nos alienta a ser misericordiosos con nosotros mismos y especialmente te con los demas, para que de esta manera nos acerquemos cada vez más a nuestro Señor. Gran abrazo Jaimito