Está semana, mi esposa y yo tuvimos una invitación a cenar donde unos grandes amigos. Son esas invitaciones dónde sabes que vas a pasar una noche muy agradable, pero lo que estaba por suceder no estaba en nuestros planes.
Nuestros amigos tienen una hermosa familia conformada por dos hermosas hijas, una casada y graduada de la universidad y la menor está estudiando su carrera profesional; aunque las conocimos desde pequeñas, era la primera vez que compartíamos una cena con ellas. Iniciada la velada se nos unió el esposo de la hija mayor, un gran muchacho que también conocemos desde hace tiempo.
Servido el banquete que nos habían preparado, sentados todos a la mesa, oramos y dimos gracias a Dios. Entre recuerdos y anécdotas empezamos a hablar de lo que Dios había hecho en nuestras vidas; todos en la mesa estaban contando testimonios y lo hermoso que es caminar con el señor. Fue ahí cuando sucedió algo que no estaba planeado.
"Llegando al lugar, Jesús miró hacia arriba y le dijo: —Zaqueo, baja en seguida. Tengo que quedarme hoy en tu casa. Así que se apresuró a bajar y, muy contento, recibió a Jesús en su casa..... --Hoy ha llegado la salvación a esta casa--" Lucas 19:5-6,9
Empezamos a hacer una actividad de pedir perdón y de dar gracias a alguien en la mesa. Cada vez que alguien empezaba a hablar, más emotiva se volvía el momento. Lágrimas, sonrisas, miradas que finalmente terminaron en un gran abrazo familiar. Fue un momento increíblemente hermoso que mi esposa y yo pudimos presenciar.
El momento de la cena es un momento familiar que a veces pasa desapercibido, pero es un tiempo que hay que aprovechar; y que mejor que hacerlo invitando a Dios a qué El sea participe. Una vez sentado a la mesa con nosotros, solo tenemos que abrir, exponer nuestro corazon y El hará.
Permitan que sucedan grandes cosas en sus familias cuando estén sentados todos a la mesa; inviten a que todos abran su corazón y participen de está actividad que es enseñanza de Jesús "Perdonar y dar gracias", y El hará.
Recomendamos qué está actividad se haga al menos una vez a la semana. Es una forma de crear momentos de perdón, reconciliación y crecimiento familia en el amor de Dios.
¡Dios los bendiga!
