¿Recuerdas cuando eramos niños y jugábamos desprevenidamente con todos los del barrio? Nos divertíamos largas horas, tanto que se nos olvidaba hasta comer.
¿Quién no tuvo un mejor amigo o mejor amiga cómplice para hacer muchas cosas? Nos divertíamos y peleábamos pero nos contentabamos fácil y rápidamente. No habían peleas largas porque queríamos seguir jugando y disfrutando lo más que pudiéramos. Hasta hacíamos pactos de hermanos para siempre.
Cuando pedíamos un juguete lo hacíamos sin mucha descripción: un carro, un muñeco o muñeca, peluches, ropa, zapatos.
En cambio hoy en día los regalos los pedimos con características muy especiales de marca, tamaño, color, valor y gusto. A veces es muy difícil complacernos, aún nosotros mismos. Preferimos un bono de regalo.
Las peleas con nuestros amigos pueden ser para siempre o pasa mucho tiempo y no volvemos hablar con ellos. Ya no nos divierten muchas cosas y si no es lo que queremos no lo hacemos.
"Jesús dijo: «Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos" Mateo 19:14
Cuándo Cristo dice - dejad que vengan a mí que de ellos es el reino de los cielos - no hace referencia a los niños literalmente, sino a los que son como los niños: inocentes, sencillos, humildes, descomplicados, sin prejuicios.
A un niño se puede instruir, cuándo se equivoca se deja corregir, acepta que se equivocó y pide perdón. Un niño pide cosas sencillas, da gracias por lo que le regalen, se divierte, es alegre, feliz con lo que tiene y perdona rápidamente a sus amigos.
Hoy Cristo nos invita a que seamos como niños, vivamos como niños, pensemos como niños, actuemos como niños. No que seamos irresponsables e inmaduros, El ya nos dio conocimiento y sabiduría; que seamos niños en nuestra mirada, en nuestras respuestas, en nuestro corazón.
Dios te bendiga!

Se pierde la risa, me dejo llevar, para que insisto, ya estoy cansada. La monotonía que estamos viviendo, parece que no acaba.