La primera iglesia a la que recuerdo haber asistido fue en Guayaquil, Ecuador. Era sobre la Av. Victor Emilio Estrada, redonda muy grande de dos pisos. La segunda fue cuando nos cambiamos de casa y empezamos a ir a la iglesia Santa Gema, la recuerdo muy bien porque al frente vendían unos pandebonos deliciosos. Finalmente íbamos a la de los Ceibos, dónde terminé de vivir mi infancia y juventud hasta que me gradué y regresé a Colombia.
En cada una de ellas recuerdo que entraba y salía como si yo fuera un visitante, un invitado, dónde iba por cumplir con mi mamá. Me gustaba utilizar las hojas dominicales nuevas, jugaba a tratar de doblarlas exactamente por la mitad y me la llevaba para leer en casa lo que no se leía en la misa.
En el colegio asistía a la capilla y participaba de las actividades, pero no me lo tomaba en serio, solo me interesaba hacer desorden.
Fabián era el profesor que coordinaba las actividades en la capilla del colegio. Recuerdo que me llamó mucho la atención ver qué una persona fuera del sacerdocio podía tener tanta actividad en la iglesia.
Fabián me contó como llegó a ser ministro y me invitó a qué viviera una vida más cerca de la iglesia, así que me inscribí en el grupo de hombres. Empecé a participar de las actividades y retiros que organizaba el colegio. Mi primera charla se tituló "Yo", la di en el retiro de segundo de secundaria. La había preparado por días, pero el ánimo me pudo más que la razón y sin darme cuenta dije groserías durante toda la exposición. "Muy buena tu charla pero dijiste muchas groserías" me dijo el menor de los hermanos Riofrío, mirándome fijamente con sus ojos claros y voz firme. Era muy difícil cambiar de la noche a la mañana.
En el colegio, el profesor Fabián celebraba el Ángelus en la capilla todos los días al medio día durante el segundo recreo. Le dije que me gustaría hacerlo algún día. Me dijo que preparara en casa un pasaje de la biblia, hiciera una pequeña reflexión y al final rezara el Ángelus. Fue todo un reto, no me sentía cómodo hablando en público, sentía que se me enredaba la lengua. No recuerdo que pasaje leí ni la reflexión que hice, pero si recuerdo que hablé tanto que se me pasó el tiempo; sonó la campana de fin del recreo, tocó terminar rápidamente y regresar a clases a toda carrera.
El Ángelus es un rezo católico instaurado en el siglo XIV basado en el Fiat de María. Se debe rezar tres veces al día 6 am, 12 pm y 6 pm.
Mi profesor Layana me llamó la atención, tenía que respetar el tiempo del Ángelus y del colegio; debía tocar la campana 15 minutos antes de terminar el segundo recreo, esperar un par de minutos a que llegara la gente, iniciar la actividad y terminar antes de que sonara la campana de fin del recreo. ¡Y así fué!
Después de varias semanas encargado del Ángelus, se me acercó una compañera y me dijo que quería servir, que quería tener la oportunidad de hacer lo mismo. Fue en ese momento que entendí que la iglesia somos todos, cada uno aportando lo que tiene y ha recibido de Dios. Ella lo hizo muy bien.
Cómo terminé siendo pastor Cristiano Evangélico amerita otro blog, pero parte de mi llamado empezó en ese momento. Todos los días sumergido en la palabra, con los ojos puesto en María la madre de Jesús y el milagro que en ella venía. Fué ella quien me invitó a estar más cerca de Jesús cuando me decía: "Has todo lo que El te diga" (Extracto del Evangelio según San Juan 2:5) y en eso estoy.
¡Dios te bendiga!
