He sido fanático del tenis toda mi vida. Mi rutina habitual era madrugar todos los días, jugar un par de horas y los fines de semana jugaba todo el día.
Una de esas ocasiones, me preparaba para ir a jugar a las 5:30 de la mañana; desayunado y arreglado me disponía a salir de la casa cuando se vino una tormenta que sabía no iba a poder jugar. Me regresé al cuarto desilusionado, y mi esposa me dijo "Que bueno que llovió para que te quedes conmigo". Le dije de todo, en tono y vocabulario; la taché de egoísta, mala mujer, entre otras cosas, por no desear que pudiera jugar.
"Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús" 1 Tesalonicenses 5:18
Mi afán de jugar tenis y enfocar mi atención en lo que me gustaba, no me permitió escuchar lo que mi esposa realmente me estaba diciendo. No veía lo que era realmente importante en mi vida. El tenis era una de tantas cosas que ponía por encima de mi familia.
¿Cuantas cosas en el día a día nos roban la atención de lo que es realmente importante? Puede ser el trabajo, un proyecto, estudios, un viaje, el dinero. Nos enfocamos tanto en cuidar esas cosas que podemos llegar a descuidar a quienes amamos. Tenemos en nuestra vida muchas personas por las que debemos agradecer y cuidar porque esas son las verdaderas bendiciones. Todo lo demás es reemplazable o llega de algún modo.
Reconocí que Dios me había dado a mi pareja, mis hijos, mi familia, amigos, etc. ¿Qué estaba poniendo por encima de ellos? ¿Que puede ser tan importante como para sacrificar mi relación con los que me rodean? Casi me quedo con el tenis, pero sin esposa y sin familia.
Esto sucedió hace unos diez años. Años después le pedí perdón a mi esposa y todavía lo hago cuando contamos nuestro testimonio. Hoy juego menos tenis, y si se daña un plan por lluvia, doy gracias a Dios y regreso corriendo a los brazos de quien ya no tiene que decirme que me está esperando.
¡Sean agradecidos por todo! Dios los bendiga.

Bello testimonio primo , los abrazo a la distancia. Besos a todos